Una parábola atribuida al sacerdote jesuita Anthony de Mello (Bombay, 1931 – Nueva York, 1987) habla de un pez joven que le pregunta a un pez viejo dónde encontrar el océano. El viejo responde: ‹‹Estás en él ahora mismo››. El joven, decepcionado, replica: ‹‹¿Esto? Esto es solo agua››.
Mi creación no está formada por lana y tubos de aluminio. O no solo. La completa el espacio en el que se asientan los tubos y la lana. Ese es mi océano.
Las piezas de esta muestra no son líneas trazadas al azar. Han sido concebidas específicamente para el lugar que las acoge, integrándose en sus dimensiones y características para establecer una ilación directa con el espacio expositivo. Siguen para ello las mismas pautas geométricas –visibles para todo aquel que las busque– en las que se basa la naturaleza para crear las suyas, como la razón áurea, el número π o la raíz de 2.
Dicho de otro modo, las líneas no son elementos independientes, sino que parten de un estudio preciso del entorno, lo que permite que arte y arquitectura se entrelacen de forma inseparable. Así, se pone de relieve que tanto la naturaleza como las leyes matemáticas que la rigen solo pueden entenderse plenamente cuando se consideran dentro de su contexto.
Estamos acostumbrados a marcar límites: esto es cuadro y esto es pared; esto es escultura y esto es aire; esto es la obra y esto es el soporte. Huyo de esa dicotomía. Aquí todo es obra, incluso el soporte.
Roberto Chartam


